La muerte del héroe

 Mientras Teseo y la banda siguen aguantando que la tormenta achique, continúan escuchando historias de Aqueloo que, en este caso, cuenta cómo fue requete-cagado a trompadas por Hércules. Así comienza el Libro IX, contando la propia historia de su encontronazo con el hijo de Zeus, para luego dar lugar a la muerte y su lugar en las constelaciones.

Hércules es, en mi opinión, el arquetipo de héroe occidental. Probablemente (y digo esto con la ignorancia de no ir al día), el primer portador del One for All. Es un prota que se banca el destino impuesto por la cagada de sus padres, cumple con creces todos los desafíos que implican el viaje interior: el enfrentamiento al padre, el encuentro con la madre, el dominio de la Sombra, etc. y etc.

Ovidio nos cuenta cómo Hércules le gana la minita a Aqueloo, luego de un duro debate donde lo humilla por no ser dios, y este contar todas sus hazañas, se caldea la cosa y se van a los bifes. A modo Final boss, lo limpia en sus tres transformaciones, dejándolo medio cornudo. De todas maneras, dicen que la sacó barata, y que al que realmente hizo mierda fue a Neso, y acá es donde entra en juego los acontecimientos de su propia muerte. Como bien sabemos, la sangre emanada de una criatura mitológica, producto de una herida, nunca pasa desapercibida, la cuestión es cómo se utiliza Por ejemplo, Chiron lo utilizó modo power-up para sus métodos de sanación hasta convertirse en el curador herido, Neso, por su lado, utilizó este veneno para devolvérsela a su agresor.

La historia que nos cuentan de la muerte de Hércules nos recuerda una de las máximas junguianas: la individuación es para toda la vida, y la iluminación / el Uróboros se logra al momento de nuestra muerte. Mientras tengamos vida, los mecanismos del psiquísmos seguirán funcionando: los centauros seguirán raptando nuestra Ánima o Ánimus, nos perderemos de nuestro camino y necesitaremos del viejo sabio, etc. La terapia o la sanación del alma no es recuperarnos de traumas infantiles, sino de aquellos bloqueos presentes que tenemos. La Sombra seguirá haciendo de las suyas, los mecanismos de defensas seguirán protegiendo a nuestra consciencia de aquello que creen no estamos preparados para integrar y los Arquetipos seguirán constelando su infinitud de posibilidades en forma de símbolos en nuestra consciencia: eso es la vida psíquica.

Hércules logra trascender y ser parte del todo a modo de constelación únicamente al momento de su muerte. Por eso, el mito nos recuerda que la vida no es una película de Disney donde salvamos a Megara y nos ganamos el cielo, sino un camino que transitamos, a veces más tranquilos y a veces con los peligros de tener que cruzar un río y que perdamos nuestra Ánima por el camino.

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