Historias báquicas picantes
El libro cuarto arranca con las hijas tebanas de Minia, que no quieren participar de las orgías en honor a Baco. Las pibas faltaron a la fiesta y mientras laburaban contaban historias que podrían tildarse de Apolíneas. Entre ellas el famoso mito de Vulcano, que captura con una red mágica en la cama a su mujer y a Ares, para poner su adulterio en evidencia delante de los demás dioses. Cabe destacar que quien avisa a Vulcano es Apolo, el dios de la medida y del rescatate. Un dios del orden al que las pibas adoraban en contraposición a Baco, quién no era aceptado por ellas como una divinidad. Y tenían sus razones. Baco ya estaba flojito de papeles en el panteón por ser nieto del tebano Cadmo, hijo de Seméle, una mortal, y producto de una de las tantas infidelidades de Zeus. Era un dios más bien nuevo y que tampoco hacía mucho más que generar problemas, no solo las orgías, sino que hizo a la madre de Penteo matar a su hijo. Un acto de completa desmesura. Al terminar de contar sus historias las chicas quisieron irse a dormir como cualquier otro día, sin embargo, comenzaron a escuchar tambores y flautas acompañados de un intenso olor a mirra. Con Baco es así, si no vas a la fiesta, la fiesta va a tu casa. La cuestión es que el nuevo dios del bardo las castigó convirtiéndolas a todas en murciélagos.
Nietzsche recupera en el origen de la tragedia esta oposición complementaria entre Apolo y Baco que está grabada en el alma de los griegos. Apolo es para hombres regulados por una ética de la medida: “conócete a ti mismo” y “nada en demasía”, es lo legal y regulado. Baco, al contrario, es hijo de romper las reglas, de la infidelidad y de la lujuria. Es aquel que nos recuerda que los dioses y el mundo mismo son producto del caos y que los titanes están encerrados en el tártaro, porque todo orden es meramente momentáneo. Si bien puede lograrse la conexión con lo divino mediante la piedad y la mesura, también debe hacerse desde los excesos. La concentración del monje es un camino tan válido a lo místico como la embriaguez o el trance. Esa es la puerta que abre Baco y por la que luego pasarán los poetas malditos, todos los miembros del club de los 27 y los que aún siguen preguntando: "¿qué hay después del after?".

Tremendo jajaja el que hay después del after es una pregunta muy filosófica-existencialista. Es verdad que Apolo es el dios de la medida y el orden, aparte de que es donde da la luz y las cosas por arriba de la mesa. Esta bueno la contraposición y sobre todo el equilibrio entre las dos fuerzas. Es loco porque Baco en ciertos casos (y creo que sobre todo para los griegos) es considerado como uno de los 12 olímpicos, es un aprendizaje tardío de que hay que poner un poco de joda de la vida, o como la pirámide de Maslow, una vez que la sociedad esta equilibrada podemos permitirnos la buena vida.
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