Un día caluroso de verano
Al parecer en la época de Ovidio hubo un día de verano con un calor tan insoportable que el autor entendió que no podía ser obra de otra cosa que no sea un padre consintiendo a su hijo. Faetón, que ya en el libro pasado estaba bastante insistente con que le demuestren que era hijo del mismísimo Apolo, no conforme con la palabra de su madre, se plantó en el palacio del dios del sol y encaró a su supuesto padre.
La historia de Faetón II es una advertencia ante los peligros del idealizar demasiado a tu viejo. No hablo de esa idealización normal, como la que le canta el Piti Fernandez a su padre para honrarlo, hablo de algo que va más allá de un tributo artístico. Parte de la enfermedad psíquica, la neurosis llevada sus límites más patológicos, es cerrarnos a un rol y una conducta rígida e intentar ocupar un lugar que no es el nuestro. Para seguir en la linea PitiFernandera:
La imitación es el peor suicidio, teniendo en cuenta que morir nos vamos a morir igual.
Ya en Faetón I, como comenté al principio, nuestro protagonista estaba empecinado en demostrar un ascendencia divina. Pero cuando uno no conoce las verdaderas motivaciones de sus necesidades, se cae en el error que cae Faetón, que sin importar los juramentos en las palabras de su madre sigo sin encontrar consuelo. Más claro cuando Febo es quién se lo confirmo, ya no en palabras, sino también con la preocupación propia de un padre. Lo que realmente necesita es algo que va más allá de una información, o la revelación de un secreto. En la petición que le hace está la clave de lo que nos advierte el mito, y aquí hay dos lectura: cuál adolescente que quiere cancherear le pide el auto a su viejo, o, por otro lado, entramos en el problema de la identificación idealizada.
Los padres son figuras centrales en la vida de sus hijos. Más allá de las funciones directas que deben cumplir, que son darles amor y ponerle límites, indirectamente y por observación se convierten en ejemplos de lo que queremos y no queremos. Pero el proceso de identificación con nuestros padres debe ser un proceso que culmine en una identidad propia, ser la versión más nuestras de nosotros mismos. Cuando crece dentro nuestro la idealización de un padre que, no solamente nunca estuvo, sino que es admirado y adorado por nuestro entorno, peligra el esfuerzo que implica el parricidio, el padre real con sus fallos y carencias que permiten dejar ese palo guía y crecer ya con nuestro propio tronco.
Faetón corre el destino de aquel que cree que todas sus imperfecciones pasan por la ausencia del ejemplo de su padre, él quiere ser su padre (y no, no diré como Freud que quiere poseer a su madre, porque la historia no dice nada al respecto). La combinación de la ausencia de parricidio y la idealización contextual de la figura del padre lleva al crear una identidad propia muy unida a esa figura tan potente. Quizás si hubiese sido el hijo de Zidane, o de Francescoli, ahora estaría pegando patadas en el Real Madrid, de forma que si no juego a ese nivel, ¿realmente soy su hijo? Esto lleva a la literalización de la identidad paterna, no es que mi padre tenga palabras ni juramentos (ya negados a la madre) que sirvan de confirmación, es una demostración a mi mismo de que estoy a la altura, y que otra forma de demostrarlo que cumpliendo con la tarea que únicamente él puede realizar. Esto hizo seguramente que aquel sea el día más caluroso del verano.
Cada suceso de la catastrofe resultante es analizable de por sí. Sin embargo, me interesa centrarme en dos citas que son:
¿Por qué decrecen tanto los mares que la suerte le otorgó y se alejan tanto del cielo?
[...]
... retomaremos, confundidos, al antiguo caos.
La consecuencia resultante es la misma psicopatología. La desconexión y alejamiento del Mar-Inconsciente de la Trascendencia-Cielo implica desconectarnos y alejarnos de nuestro mundo Inconsciente y por tanto de todo aquello que realmente somos.

Alto análisis! Los padres tanto en la mitología como el Anime son un desastre. Todo ese mito se hubiera omitido si Apollo hubiera puesto un "No" cuando hacía falta.
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