Tiresias ½
Ustedes lo querían, ustedes lo pedían, ahí lo tienen. Vuelve Tiresias en este tercer capítulo de Las metamorfosis. Ovidio nos cuenta la fundación de Tebas, donde Cadmeo es enviado por su viejo a buscar a Europa, a quien, por supuesto no la encuentra, porque fue raptada por Júpiter y, probablemente, ya sea reina de Creta o algo así. "Si vuelvo sin Europa mi viejo me faja", dijo Cadmeo y fue a consultar el oráculo de Apolo para ver a que ciudad irse. No se que tan feliz hacía al dios de las plagas que lo usen de Tripadvisor pero de buena gana le dice al príncipe: "Si ves una vaca tan blanca como el toro que se garchó a tu hermana, seguíla y, donde pare, poné el centro urbano y hacete alta ciudad". La vaca hija de mil puta justo paró cerca de la caverna de un dragón gigante de tres lenguas venenosas, que hizo mierda a todos los compañeros de Cadmo. Ahí nuestro héroe tira alta frase:
Mis queridos amigos, sus muertes serán vengadas o yo moriré.
El tipo que prefiere fundar ciudades a enfrentar a su viejo, muestra su gallardía para con los amigos, se pone la piel de león, agarra sus armas y va y le pega terrible viaje al monstruo matándolo a pedradas, flechazos y una última estocada con la lanza. Justo ahí baja Atena y le pide que plante los dientes del dragón y que de ahí va a nacer un pueblo nuevo. Cuando Cadmeo ve nacer soldados de la tierra, en vez de alegrarse, se caga, desconfía y los caga tan a palos que tiene que interceder Atena para que paren todos un poco. Finalmente quedan cinco y estos fundan Tebas, donde nace el adivino más grande y más pronosticador de desastres de toda la mitología griega: Tiresias. Resulta que el Tire no siempre fue ciego ni adivino, ya que cuando era joven vio dos serpientes copulando y decidió ir a golpearlas con un palo. Era un boludo. No sabía, no obstante, que eso era un super cheat de cambio de sexo en el código de los dioses. Así que al golpear las serpientes se convirtió en mujer. Ovidio no nos cuenta las aventuras femeninas del Ranma Ivankov Transtiresias pero podemos imaginárnoslas. Fue siete años después que vio otra vez serpientes culeando y tras golpearlas volvió a ser hombre. Todavía sin ser viejo ni sabio, lo llamaron los mandamás del Olimpo para que resolviera una disputa entre ellos. Osea, algo que nunca nunca nunca, puede salir bien. Jupiter y Juno le preguntaron: "A vos Tiresias que fuiste hombre, fuiste mina y te gustan las dos cosas, como al viejo del video de los travestis paraguayos, ¿Quién te parece que goza más el hombre o la mujer?". No sabemos si Tiresias eligió honestamente, si especuló que si contrariaba a Júpiter no habría quien lo pare o si usó el bro-code, pero le dijo a Juno que era mejor ponerla como hombre. Juno, re caliente contra el patriarcado recién fundado, lo condenó a no poder ver nunca más una concha en su vida. En realidad lo dejó ciego. Y Júpiter, que no podía romper la regla de oponerse al castigo que le imponía otro dios, le otorgó, para compensar, el don de la adivinación. Así Tiresias podría predecir todas las patadas que le iba a dar a las piedras y a los muebles. Además, se hizo muy famoso en el mundo antiguo gracias a ese don.
En este capítulo Ovidio nos regala otra anécdota del adivino. De la vez que el principe Penteo, nieto de Cadmo, se estaba burlando de sus profecías y de su ceguera. Tiresias le dijo: "Ojalá fueras ciego y no tuvieras que ver como unos pendejos se clavan a tus soldados en las fiestas báquicas". Como siempre, sin darle bola al adivino, Penteo fue a las fiestas y al ver que se estaban dando todos contra todos, que a sus guerreros, que nunca habían sido vencidos por el enemigo, los estaban doblegando a chotazos unos pendejitos afeitados y perfumados, se puso del tomate y decidió ir a buscar al mismísmo dios Baco para cagarlo a palos. Claramente una de más. Antes del encuentro Ovidio nos presenta al dios en una escena épica donde es secuestrado por unos piratas, por estar dormido en pedo en una playa. Cuando despierta arma un quilombo y convierte a los piratas en pajaros, peces y caniches toy para después volver navegando a su casa. Ya nos advierte que Penteo tenga cuidado, pero el príncipe no afloja y va hasta un monte donde se celebraban ceremonias y estaban las Bacantes. Su tía, su vieja y otras mujeres furiosas en el éxtasis de alta partuza báquica, lo desconocieron mal y lo desmembraron en tantos pedacitos, que, nos dice Ovidio, su cuerpo se esparció por el viento como si fueran hojas. Y Tiresias, al igual que en el caso de Edipo, tenía razón: que barato es no ver lo que te jode cuando verlo te va a joder mucho más.

Me encanta la claridad con la que lo contás jajajaja el Tiresias 1/2 es tremendo, se habrá inspirado de ahí?
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